¿Es posible motivar a un deportista?

La motivación sigue siendo la principal vía de energía para el deportista. Cuando fluye la motivación, todo es más sencillo y los problemas se viven como retos a conseguir. Pero ¿es posible “inyectar” esa motivación desde fuera?

Como recordarás, en el pasado artículo (ver artículo) explicaba mi fórmula para desarrollar la motivación en el deporte.

 

MOTIVACIÓN

=

OBJETIVOS BIEN DEFINIDOS

x

COMPROMISO

 Esta sencilla ecuación nos ayuda a entender lo que debe tener un deportista dentro de la cabeza cuando entrena (y cuando no entrena también) para mantener el impulso que necesita para seguir progresando. Siempre que sea capaz de recordar la meta que persigue, el beneficio que logrará con ella y se enfoque en el trabajo constante, la energía vendrá sola.

Hoy la pregunta es otra. Hoy pretendo explicar si una persona externa puede dar esa motivación a un deportista.

Si atendemos estrictamente al lenguaje habitual, la respuesta debería ser que . Se habla a menudo de entrenadores que saben motivar a sus jugadores, o incluso de psicólogos o coachs del deporte capaces de dar esa motivación necesaria para seguir sumando. Sin embargo, en mi opinión, la respuesta es que no. Ya te digo que es mi opinión, y si me dejas te la desarrollaré.

 

UNA MOTIVACIÓN PARA CADA EDAD.

En el artículo que te citaba al principio hablaba de los dos tipos de motivación que surgen en función de dónde provienen.

EXTRÍNSECA: de fuera. Conseguir una medalla.

INTRÍNSECA: de uno mismo. Superarse cada día.

El primer tipo funciona especialmente bien en las primeras edades, quizá hasta los once o doce años. Sin embargo, desde esa edad empieza a ser necesario por parte del deportista encontrar algo dentro que le mueva, que le impulse.

No es de extrañar que la edad crítica de abandono del deporte sea la adolescencia. Aparte de los numerosos cambios que se producen a nivel hormonal, físico, mental y social, existe otra variable muy importante. Es en esa edad cuando empezamos a mirar hacia adentro y si no encontramos una respuesta concluyente sobre lo que hacemos preferimos dejarlo. Muchas veces se llega a los catorce o quince años sin saber muy bien para qué se está practicando deporte, y esa pérdida de sentido nos lleva al abandono.

Otra circunstancia que se suele dar es que los objetivos que se perseguían eran sólo de resultado o no dependían del propio deportista. Ser profesional, ganar una competición, ascender de categoría, no depende sólo de uno mismo. Si fuera así, todo aquél que se lo propusiera de verdad ganaría campeonatos sin excepción. Pero ya sabemos que no sucede.

 

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AYUDAR SÍ, MOTIVAR NO.

Explicado esto, y sobre todo teniendo en cuenta que la fuerza en el deporte tiene que surgir desde dentro para que de verdad arrastre con todo, paso a explicarte cuál puede ser tu papel en el arranque motivacional de un deportista.

Volvamos a considerar los dos factores de la fórmula, y a ver qué se puede aportar en cada uno.

OBJETIVOS BIEN DEFINIDOS: los objetivos tienen que ser personales para que funcionen. Sólo si para mi suponen una ilusión alcanzarlos, me servirán para mejorar en mi trabajo diario. Recuerda que si no es algo propio, estamos hablando de motivación extrínseca, y no nos servirá durante mucho tiempo. Así que tiene que ser la propia persona la que elija esos objetivos.

¿Qué podemos hacer desde fuera? La ayuda que podemos brindar desde nuestra posición de padre/madre o entrenador/a, es ampliar al máximo el prisma de objetivos a elegir. Cuantas más opciones mostremos al deportista que puede conseguir, más fácil será que encuentre la que más le gusta. Un deportista con trece o catorce años ya entiende que con el deporte puede llegar a ser profesional, puede ser técnico profesional, puede lograr una beca para estudio universitario, puede ser técnico a tiempo parcial mientras estudia y generar unos ingresos mientras estudia o hace otro trabajo, puede sentirse bien físicamente y cuidar su salud, puede verse mejor físicamente…

Esta variada gama de opciones le va a facilitar sin duda elegir la suya, y que le sirva para el largo proceso formativo que aún le queda para alcanzarla.

COMPROMISO: el compromiso también puede ser con uno mismo o con los demás. Como sucede con la motivación en sí, el que funciona de verdad es el primero. El compromiso personal hará que mi esfuerzo tenga un sentido. Yo siempre tendré que “rendir cuentas” conmigo mismo. Sin embargo, si tengo que hacerlo con otra persona (y no quiero hacerlo), es muy probable que acabe apartándola, a ella o a su opinión, de mi vida.

Por esto es tan importante ser un punto de apoyo al deportista, pero no convertirse en un punto de exigencia. Fíjate que si ocurre lo segundo, puede pasar que el objetivo del deportista sea no defraudarte, o no tener que escuchar tus recriminaciones, o no tener que discutir contigo. En cualquiera de estos casos, su objetivo ya no sería propio, sería externo, y la motivación se convertiría en extrínseca.

 

ESTAR AHÍ.

Desde mi posición, creo que lo mejor que puede hacer un entrenador o un familiar por la motivación de un deportista es, como te decía, ayudarle a que vea el mayor número de caminos abiertos delante para que decida cuál es el suyo, y que sepa que puede contar con tu apoyo cuando el compromiso personal se venga un poco abajo. Esta última circunstancia, y más en edades adolescentes, es muy habitual, y el apoyo y el acompañamiento del entorno se convierten en trascendentales.

Empieza ya a entrenar tu mente para el deporte.

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